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Pedro Fundora

Instrumentos:

  • Cuerdas

Violinista cubano/mexicano radicado en la ciudad de Monterrey desde 1989 con una trayectoria musical que va de lo clásico a lo popular, miembro activo del quehacer cultural de esta ciudad, ha sido integrante de agrupaciones como: el cuarteto de cuerdas “Monterrey”, el ensamble de música barroca “Ensamble Dufranne” y la “Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, desempeñándose en esta última como concertino en algunos períodos, todas estas actividades combinadas con su labor pedagógica en la “Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey”

Comenzó sus estudios de violín a la edad de 7 años en el conservatorio Manuel Saumell en la ciudad de La Habana, Cuba pasando por diversas instituciones hasta obtener el título de Licenciado en Música, con especialidad de Violín en 1989, mismo año donde se traslada a México para comenzar sus labores en diversos ámbitos de la música popular y de concierto.

En el terreno de la música popular ha participado en grabaciones con Gonzalo Rubalcaba, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, NG La Banda, los grupos Zurdok y, Control Machete” en bandas sonoras para películas mexicanas, asi como música incidental de telenovelas para la empresa mexicana Televisa; ha compartido escenario al lado de músicos como el saxofonista Paquito D’Rivera el grupo Irakere, Pablo Milanés y muchos otros.

Un violín eléctrico de Zeta music es una de las herramientas que ayudan a Pedro Fundora en su búsqueda de sonoridades novedosas, se vale de la tecnología digital para pasear su instrumento de las deidades africanas a la música electroacústica, al respecto en una crítica de un concierto con Paquito D’Rivera en la ciudad de Miami el “Herald” comenta: “…..un joven violinista de punta en blanco, instrumento incluido, se unió al grupo en un verdadero éxtasis de virtuosismo, congueando a golpe de uña sobre el violín, descargó como si se conocieran de toda la vida. El duo intergeneracional entre D’ Rivera y Fundora fue, como expresó uno de los asistentes, la metáfora perfecta de la libertad. Ambos tocaron como si se divirtieran, contagiando de felicidad a los asistentes, sabiendo que nada se interpone entre ellos en cualquier frontera donde los lleve su vocación de creatividad.” Alejandro Ríos.